Otro hallazgo de la lectura de Luz de noviembre... es la obsesión de Laporte -que además comparto- con cosas o cifras aparentemente triviales que interpreta como ocultas señales acaso divinas. Curiosamente, yo empecé a leerme su libro un 17 de febrero, el mismo día que falleció su madre. Y un par de días más tarde descubrí casualmente que la primera de lasCartas a un joven poeta de Rilke está fechada también un 17 de febrero. Encima, yo conocí personalmente a Eduardo en el número 20 de la calle Luchana de Madrid, solo unos metros por debajo de la primera cama en la que dormí cuando me establecí en Madrid en febrero de 1994. Todos ellos, como ya apunté al principio, sucesos potencialmente predecibles desde aquel remoto -al menos para nuestra escala humana- big bang, ese polvo primigenio del que provienen todos estos lodos en forma de galaxias, cerebros, misiles, encuentros o palabras. Sucesos y cosas necesarias, como la luz de noviembre de 2005 (cuando escribió el texto) por la tarde en Madrid. A saber para qué...
Nicolás Fabelo trabaja en rtve.es y autor de 'El último dodo'.